La Huella SonoraNoticiasNoticia ampliada

2 Diciembre 2016

El Viaje

Juan Perro

Por el camino en busca de canciones, registrar un puñado de ellas con la sonoridad desnuda es un trabajo al que debiera seguir el placer de oírlas crecer en otras manos. La necesidad de darles forma con la guitarra y con la voz ha surgido después de tres décadas y media de hacer rápidos esbozos para llevarlos al grupo. Al oficio de tocar a solas uno se acostumbra por obligación, porque la música es un evento colectivo.

Pero la energía de la canción de una canción yace en el germen, donde el ritmo y la melodía se abrazan con la posibilidad de articular palabras, y uno acaricia la tentación de dejar pasar los días observando sin prisa como el canto que despliega y va a gustando su esqueleto , en cuanto le prestamos su espacio para que ensaye su danza. Aunque no me lo hubiera propuesto como meta, este álbum cierra en cierto modo un ciclo, al cabo del cual me vuelvo a sentir como aprendiz. 

Hace ya mucho tiempo, el contagio eléctrico despertó fantasmas de viejas calles, pueblos y riberas peninsulares. Anduvimos por fronteras de ultramar, tras la memoria musical desterrada de nuestra lengua. Volvimos a escuchar con otros oídos la música de Iberia, como el nómada ante las cenizas de un campamento. Sólo al cabo de un largo viaje se alcanza lo más cercano, pero la tierra de origen vuela bajo nuestros pies. 

Algunos pueblos conciben vida como andanza en la que el viajero aspira a convertirse en camino, sin carga de deseos y necesidades. Los aranda australianos heredan los versos de sus ancestros como un mapa sonoro que les permite reconocer el terreno, la localización de las fuentes de agua, la distancia hasta una tribu aliada o enemiga. Para orientarse en sus largas exploraciones, cantan mientras caminan. Las canciones se intercambian entre los distintos clanes, e incluso entre tribus de diversas lenguas, como el tesoro más valioso, puesto que de él depende la supervivencia. 

La tierra debe ser cantada para que el hombre pueda merecer sus frutos. Los aranda consideran que los accidentes del paisaje se reproducen en las variaciones de la melodía tanto como en las palabras. Son lugares sagrados donde reposan los ancestros que cantaron por primera vez la tierra, bajo la amenaza creciente de la industria codiciosa.

Si se arrasan los lugares sagrados, a los que han de retornar los viajeros para unirse al sueño de sus ancestros, ¿donde irán a parar las almas? ¿Qué utilidad tendrán en adelante las canciones? ¿Serán capaces de recrear la tierra, de convertirse en camino?

S. Auserón.