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2 Marzo 2017

El viaje de Juan Perro

Juan Perro

Plagado de sabiduría cotidiana bañada en agua de río: así me llega “El viaje” en una primera escucha. De forma inmediata se van sumando esperanza, crítica, ironía, cierto humor, mitología, cine, y poesía. Sin duda irán apareciendo más ingredientes, es lo que tienen los discos de Juan Perro, valen para disfrutar toda una vida. “Trabajar el espinazo de las canciones se ha convertido en un reto”, afirmaba el propio autor en la entrevista concedida a Efe Eme.

El resultado es su mejor disco hasta la fecha, paradójicamente cuando menos instrumentos le acompañan, tan solo su acústica y su voz, complementada por algún silbido, chasquido, palmas y los nudillos sobre el golpeador de la guitarra. “Lo lógico es desarrollar estas canciones con los músicos más solventes”, declaró también sobre el futuro del álbum.

El sexto trabajo en estudio de Juan Perro, séptimo en el cómputo global gracias al deslumbrante directo junto a La Zarabanda, trae huellas de cada una de las etapas del camino iniciado con “Raíces al viento” (1996). Desde el rock montuno y el son hasta las raíces más afroibéricas, y por extensión afroamericanas, pasando por la intimidad más jazzística de “Cantares de vela” (2002), el rock and roll y cierto swing, todas las pisadas marcadas por Juan Perro en estos veintiún años de andanzas tienen algún reflejo en el sonido o los textos de “El viaje”. ‘Mr. H & Lady G’ pasa por ser el enlace más claro en la poética más adherida a la calle de Juan Perro, retomando así otro de los mejores aullidos de nuestro protagonista con “Mr. Hambre” (2000).

Lo mejor está más allá de las consideraciones, reside en cada una de las quince canciones, cantes valientes lanzados con lucidez y, lo más difícil, sin perder el buen ánimo, el optimismo del gladiador que aún herido sabe que la victoria será suya. Incluso hay gracia, una sonrisa animal en ‘Canción sin estribillo’: “Los pueblos van derechos al abismo / Cuando los ciega la pasión (…) Por eso canto una canción sin estribillo / en vez de un estribillo sin canción”. ‘Ámbar’, en cambio, busca la ensoñación provocada por algo más de una cerveza, convirtiéndola en una fábula llena de encanto y poesía que atrapa sin remedio, ojo a la publicidad encubierta. El antídoto está en el pregón de ‘Agua de limón’, con ganas de calypso, tres canciones después.

“Quizá “El viaje” sea el primer disco español que comprende el ámbito panamericano. Que me corrijan si me equivoco”, declaró en este medio. Sin entrar en un exhaustivo inventario musical (tendría y tendríamos que indexar y conocer primero todas las músicas contenidas en el continente hermano), “El viaje” incluye novedades en ese ámbito, uniéndose a un selecto y escaso grupo de discos y artistas deliciosos donde podemos encontrar, sorpréndase, desde Los Coyotes hasta María Dolores Pradera, con “Mujer y sentimiento” (1985) para los primeros, y “Caminemos” (1996) para la segunda. El propio Juan Perro es parte fundamental y generadora de otro buen número de artistas y discos que ahondan en esa apasionante travesía atlántica, incluso desde Radio Futura.

Es imposible quedarse con una sola canción de este elepé. Quien sea capaz de distinguir una sobre otra estará acertado y equivocado a la vez. Por eso, solo me atrevo a enumerar como mera orientación ‘Luz de mis huesos’, ‘El viaje’ y ‘Los inadaptados’, sin olvidar arranques como este de ‘Nada’: “La nada es algo misterioso / Un vocablo encantador / De sus entrañas viene todo / Dama que sedujo / Al mismo creador”. Además, su voz está enorme, su capacidad expresiva aumenta con cada disco y la producción aumenta esa cualidad. Juan Perro sube y baja a placer la escalera de notas en cada melodía, llenando con su única respiración el plano de cada tema. Si cuesta quedarse con alguna canción, no me cuesta nada afirmar que uno de los mejores discos de este año inició su viaje el anterior.

Crítica de Chema Domínguez para EFE EME.