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29 Septiembre 2017

Córdoba entra ‘en trance’ con Auserón para cruzar la frontera de Cosmopoética.

Santiago Auserón

Hay momentos, citas, encuentros en la vida en los que una quisiera tener a mano un cigarrillo de opio para inhalar el humo que haga que todo fluya. Y momentos en los que todo suena tan raro que acaba teniendo sentido. La inauguración de Cosmopoética 17, celebrada ayer en el Teatro Góngora ante un aforo repleto de público, fue una mezcla de los dos. Durante un tiempo indeterminado, Córdoba entró en trance para cruzar la frontera que le instala en el otoño de la poesía.

Y lo hizo de la mano de cuatro grandes poetas como Ángeles Mora, Bernardo Atxaga, Sebastiá Alzamora y Oriana Méndez, conducidos magistralmente por Jesús Vigorra; y sobre todo, a un juglar, Santiago Auserón, que tuvo como compañero de viaje astral al poeta cordobés Rafael Espejo.

Resulta difícil reproducir el contenido de una sesión tan intensa como efímera que arrancó con una lectura poética a cuatro bandas en la que un vasco, una andaluza, un mallorquín y una gallega lograron que sus pensamientos se posaran entre los asistentes pese a que muchos de sus versos brotaran en sus lenguas maternas. Se entendieron y se hicieron entender sin necesidad de traductor. Todo un milagro en los tiempos que corren. Mora, Alzamora, Atxaga y Méndez también reflexionaron sobre la riqueza que aporta el mestizaje, sobre la importancia que se da a las líneas imaginarias que suponen las fronteras o lo parecidas que pueden ser lenguas que realmente son tan distintas.

Y entre poesías de amor, de desamor, de piedras, de Adán y Eva, de mujeres y de arrugas, el público se fue adentrando poco a poco en la dimensión donde el lector acaba entendiendo mucho más de lo que el escritor le está diciendo. Luego se despidieron y Bernardo Atxaga, que no puedo evitar reivindicar «traductores políticos», agradeció «a esta gente tan rara de Cosmopoética el esfuerzo de demostrar que las distintas lenguas no sean más que un mero inconveniente fácilmente salvable».

En ese trance, Santiago Auserón se personó en el escenario y, con su voz siempre grave y melódica, logró prolongar el «hechizo» primero con su palabra y luego con su música. Licenciado en Filosofía, lector empedernido, amante de la cultura y doctor en letras, explicó que compone presa de un «arrebato melódico» y que ha tardado 50 años en tomar conciencia y descifrar las voces que lleva oyendo desde que era niño y que le brotan ahora cada vez que hace sonar su guitarra. Y así, como quien no quiere la cosa, y sin necesidad de fumar opio, la música y la poesía se abrieron camino para cruzar cualquier frontera imaginaria. Dicen que más de uno llegó a México en su éxtasis. O puede que México haya llegado hasta aquí. Ya se verá.

Publicado por Araceli R. Arjona para el diario Córdoba.