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29 Diciembre 2017

“En una vida no da tiempo a hacerlo todo bien; por lo tanto, la única actitud natural es la necesidad de mejorar”

Juan Perro

Charlar con Santiago Auserón siempre significa volver a casa con la mochila cargada de reflexiones exquisitas, aprendizajes únicos y los ojos vueltos por su abrumadora forma de contemplar y actuar sobre la música. Cuando las palabras salen de su boca, es como si te leyeran el alma metafísica de un concepto esencial para la vida no exento de sentimiento.

Que alguien con una trayectoria tan dilatada como la de Santiago Auserón se denomine así mismo aprendiz, al margen de quizá un exceso de un humildad, ¿es un síntoma inequívoco de que los años no quitan las ganas de aprender sino todo lo contrario?

-Por naturaleza, yo estoy hecho así. Tengo una especie de curiosidad insaciable por el descubrimiento de ciertas cosas relacionadas con la música, las letras y la reflexión que se puede producir entre ambas. Y luego hay que tener en cuenta una cosa, para hacer bien un oficio, sea el de intérprete, músico, escritor o investigador, se requiere toda una vida, normalmente. Pero a mí me ha tocado, por carácter o por destino, trabajar en esa especie de taller triangular: letras, música y reflexión. Y en una vida no da tiempo a hacerlo todo bien, por lo tanto, la única actitud que me resulta natural es estar siempre abierto y despierto ante los descubrimientos que me puedan salir al paso. Es una necesidad de ir mejorando en un taller que me fuerza a manejar materiales muy distintos.

Su ultimo disco, El Viaje (2015), nació integrado por canciones desnudas interpretadas solo con una guitarra y una voz, pero en Pamplona las volverá a vestir con una banda, ¿cómo ha sido ese proceso, que habitualmente se suele realizar a la inversa?

-Sí, ha sido al revés por varias razones. Primero, porque la necesidad me ha llevado a trabajar un poco más de lo habitual el montaje de las primeras demos. Siempre he trabajado inicialmente las canciones con la guitarra y la voz, y cuando tenía una canción que se podía sostener un poquito, me la llevaba al local y trabajaba con un guitarrista más solvente que yo, y luego con la banda. Pero en este caso he visto la posibilidad de avanzar un poco más, gracias al aprendizaje lento que voy teniendo al trabajar con músicos mejores que yo;y eso me ha dado la posibilidad de construir un poco más la maqueta y registrarla en el estudio casero. Eso es El Viaje, una apuesta, un reto y un intento por levantar el nivel, porque si yo avanzo más con las canciones, es de suponer que cuando las comparta con mis compañeros partiremos de un escalón más alto y podremos aspirar a una resolución mejor, con menos dudas o alcanzando las soluciones más precisas posibles en los arreglos. Y esto es en lo que estamos ahora, yo he hecho El viaje pensando en fijar el esqueleto de las canciones en una dirección estética, dando lugar a una especie de catálogo de ritmos hispanoamericanos;digamos que es el primer disco en el que dibujo todo un panorama de aspiraciones melódicas y rítmicas. Y ahora, lo que sucede con los chicos es que se parte de una imagen centrada de las canciones y de una selección, porque de los 15 temas del disco hay algunas que molan más o que se enriquecen más con el trabajo en grupo. Y, como digo, en estos momentos lo que toca es hacer esa selección y empezar a darles la vuelta, construyendo arreglos que, de pronto, sugieren paisajes nuevos dentro de esas canciones. Estamos muy contentos porque está funcionando muy bien, gracias a que tengo una banda estupenda que hace que los temas crezcan. Pero lo importante no es el posible disco que hagamos con esa selección, sino que cada concierto se transforme en una especie de posibilidad de encontrar algo más, es la sensación de que la improvisación in situ nos puede hacer ver más allá. Cada vez que nos juntamos se convierte en una experiencia emocionante.

De hecho, ha afirmado que quizá El viaje sea el primer disco español que comprende el ámbito panamericano.

-Eso lo lanzo como un reto, en el sentido de ver si en Iberia estamos en condiciones de integrar en nuestras propias tradiciones todo lo que pasa en el nuevo continente a nivel de música popular. Yo creo que es así, pero no se puede decir de una manera definitiva, estamos en el proceso.

Al hilo de ese carácter panamericano, y como curiosidad, el otro día, viendo en YouTube el vídeo de Los inadaptados, la recomendación que me lanzaba la plataforma era Abrázame fuerte, de Isabel Pantoja...

-¡Hostia! ¿Quién habrá establecido ese criterio de relación? ¡Qué cosas ocurren en estos caminos interminables de la música! Espero que haya posibilidad de relacionar ese tema y el resto con otras canciones más de mi gusto como oyente (risas).

Profundizando en las letras de El Viaje, uno se encuentra con reflexiones aparentemente sencillas pero definitorias: “Me vi caer, y me dije a mí mismo, será la última vez”. Pero, al final, siempre caemos de nuevo, es parte de la naturaleza humana...

-Desde luego. Uno de los elementos en la composición que se me van haciendo más necesarios es el humor. Cuando era un aprendiz adolescente, ahora ya soy un aprendiz provecto, me lo tomaba todo demasiado en serio, con la pretensión de llegar siempre a una forma hermosa o consistente. Ahora, con el paso del tiempo, me lo tomo todo de una manera un poco más liviana sin perder la aspiración al rigor y a la buena construcción. Pero cada día tengo más claro que en el proceso creativo el humor es fundamental, es un arma insustituible de la inteligencia y una manera de compartir las cosas con la gente. Así, ese tipo de fórmulas, en las que te dices a ti mismo que va a ser la última vez, es una forma de establecer la conexión con el oyente porque todos sabemos que en nuestras costumbres hay tendencias que quisiéramos mejorar cada año, sobre todo en estas fechas, pero no tenemos ni la energía ni la posibilidad ni el deseo de corregirlas de verdad. Y claro que es una cuestión de la naturaleza humana el recaer en ciertos vicios o debilidades, pero yo recuerdo siempre una fórmula de los estoicos, que decían que “el camino de la virtud no consiste en llegar, sino en levantarse después de cada recaída”.

Siguiendo con la reflexiones que regala este disco, ¿no hay Nada más interesante que la nada?

-No, es otro signo de humor, no hay que ser tan drástico. Lo que sucede es que yo creo que la nada es como un fantasma imaginario;es decir, la nada no existe sino como parte de la lógica del hombre. Necesitamos hacer tabla rasa para creer que partimos de un comienzo, necesitamos imaginar un origen para todo, una causa primera... Incluso en las matemáticas necesitamos partir de un cero absoluto para iniciar una razonamiento. Me parece una función graciosa, como, por ejemplo, la creación del mundo ex nihilopor obra de un dios creador. Es todo como una necesidad narrativa de la mente humana. Y me ha hecho gracia imaginar a la nada como personaje femenino en relación amorosa con el dios creador (risas).

Con la canción En la frontera como referencia, ¿existe la belleza en las zonas de conflicto?

-Sí. Por mi vida nómada desde crío, por los lugares en los que he vivido, he desarrollado una sensibilidad particular para las zonas fronterizas. Luego me he dado cuenta de que en nuestra cultura, en nuestra península ibérica, las fronteras se multiplican por todas partes, porque venimos de un mosaico de tribus muy diverso y estamos todavía constituidos por esa diversidad;además de haber sido invadidos por muy diferentes civilizaciones en tiempos remotos. La frontera, en el caso de los españoles, forma parte de nuestra constitución mental, creo yo. Y así, al buscar sonoridades en fronteras de forma más literal, en el Caribe, en Nuevo México o en las fronteras lingüísticas entre el español y el portugués u otras lenguas romances, se producen maneras de decir compatibles a la par que rasgos distintivos que caracterizan cómo ver el mundo desde un lado u otro. Esa mezcla de maneras de decir contaminadas y de imágenes como, por ejemplo, cruzar la frontera de Tijuana a San Diego, genera primero un ambiente colorista, crudo y caótico para pasar a otro mundo geométrico, regularizado y cristalino. Esos contrastes a mí me provocan ideas.

Cuando un aprendiz “provecto” observa cómo todavía tiene una notable influencia su obra con Radio Futura, ¿el sentimiento es de orgullo o de incredulidad? Porque algunos que ahora se hacen llamar modernos no os llegaban ni a la suela de los zapatos.

-Una parte de sorpresa sí que me produce ese hecho... Que otra generación reconozca todavía en las canciones de Radio Futura, que han heredado de sus hermanos mayores o de sus padres, una referencia válida;o que los temas suenen actuales, modernos o interesantes. Una parte de sorpresa hay, porque no me lo esperaba. Yo conocía los defectillos de las canciones, conocía mis limitaciones en el momento de hacerlas y de interpretarlas, y aspiraba a mejorar en el terreno de la composición y la interpretación. Eso provocó que fuera como queriendo dejar atrás lo hecho con Radio Futura para aprender más en la dirección de Juan Perro, en las músicas tradicionales, en la comprensión de la música afroamericana o de la tradición lírica española. Pero es verdad que la gente me ha ido obligando, el público, los amigos, la familia, a mirar esas canciones con menos desconfianza a lo largo del tiempo. Y eso me ha obligado a apreciarlas y a tratarlas con cariño, e incluso a intentar volver a verlas como si no fueran mías y apreciar su humilde belleza en el momento de interpretarlas. Es decir, ahora, mis compañeros en el grupo me empujan a ir tocando alguna de ellas, proponiéndome versiones de Semilla negra o de la Estatua.Y les damos un aire diferente en el que vuelvo a descubrir cosas nuevas. No es tanto orgullo como agradecimiento, porque, en realidad, las canciones no solo las construye el que las crea y las interpreta, las canciones las construye la percepción de todo aquel que las comparte y las recibe. Y esa percepción de los demás se me va contagiando a mí a lo largo de las décadas hasta hacerme verlas como si no fueran mías. Y eso hace, además, que las pueda tocar de una manera más libre.

Entrevista de Fernando F. Garayoa para el Diario Noticias de Navarra.