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23 Abril 2018

Juan Perro husmea la pista sinfónica

Santiago Auserón

A Santiago Auserón / Juan Perro, perseguidor de nuevas pistas sonoras, nunca le han asustado los retos: Ponerse de manos de una orquesta sinfónica es le último ejemplo de ello, otra experiencia, no exenta de riesgos, que añadir a su extenso currículo. Y el artista zaragozano consigue salir airoso del envite, a pesar de las dificultades que entraña enfrentar unas canciones de marcada vocación popular y pulsión rítmica a un riguroso tratamiento orquestal.

En ese sentido, el encaje de la música de Auserón con el formato sinfónico de la Orquesta Reino de Aragón se antoja bastante más complejo de llevar a cabo que, por ejemplo, aquel proyecto previo con la Original Jazz Orquestra de Barcelona. Sobre todo por un aspecto: el estilo vocal y las construcciones liricas de Santiago están muy directamente imbricados con el ritmo, ambos, caminan de la mano, y en este caso Auserón ha de someterse al férreo dictado de loas arreglos orquestales (notable trabajo de Amparo Edó) y contener sus inclinaciones naturales.

No es tarea sencilla meter un “tumbao” cubano en cintura sinfónica, caso de Fonda de Dolores, funcionan mejor piezas que conectan con el blues o el jazz, como las bellísimas La misteriosa y No más lágrimas (seguramente una de las mejores canciones de su repertorio) Obstinado en mi error o Reina Zulú, por cuyos arreglos asoman resonancias de New Orleans. Brillantes arreglos de cuerda adornaron Anabel Lee, que un emocionado Santiago dedicó a su hermana, recientemente fallecida.

También hubo espacio para evocaciones ibéricas en temas como El carro, o El desterrado, así como un final de dinámica mas expansiva con dos recuerdos de Radio Futura, La negra flor y El canto del Gallo. En resumen, un Juan Perro más constreñido que de costumbre, pero capaz de seguir ofreciendo nuevas lecturas de su rutilante cancionero.

Crónica de Gonzalo de la Figuera para El Heraldo.