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13 Noviembre 2019

Santiago Auserón: “Soy un especialista: no entiendo nada de nada”

Santiago Auserón

La música lo fue atrapando poco a poco como un canto de sirenas. Cuando Santiago era un niño, salía por las calles de Zaragoza (España) con un pelotón de amigos en búsqueda de la música de Rolling Stones, The Beatles y Animals. Había billares donde las rocolas sonaban a todo volumen, pero no permitían el ingreso a los niños. Por eso, Santiago y su tribu infantil se paraban en la puerta a esperar que alguien mayor aceptase una moneda para poner la canción que ellos querían. “La pasión musical compartida fue un factor muy fuerte”, recuerda.

Unos años después, se tuvo que mudar por el trabajo de su padre, que era topógrafo. Llegó a Huelva y allí ya no se escuchaba a los grupos británicos, sino soul, flamenco, fandango. Fue durante esta época cuando Santiago agarró por primera vez una guitarra para tocar sus primeros acordes de fandango y los punteos de Eric Clapton. En esos días intentó escribir sus primeras canciones, pero no pensando en ser un músico profesional. Después, entró a la universidad a estudiar Filosofía y viajó un año a París para hacer su doctorado.

Cuando volvió de vacaciones a su casa, Herminio Molero, el fundador de la banda española Radio Futura, lo invitó a su local de ensayo. Allí sufrió el hechizo de los instrumentos eléctricos como las guitarras, los micros, los aparatos que modificaban el sonido. “Creí que me iba a dedicar a ser un intelectual de oficio, a dar clases, pero la música nos arrastró y se convirtió en una corriente que nos llevó por delante”, nos cuenta Santiago en la Casa Fernandini, en el Centro de Lima. Llegó a esta ciudad para presentar su libro Semilla del son. Crónica de un hechizo en el Centro Cultural de España.

¿De dónde aparece su interés por la Filosofía?

En mis cursos de bachillerato tuve unos textos de filosofía y, cuando los leí, no entendí absolutamente nada, pero el hecho de no entender me resultó atractivo. Empecé a practicar en aquello de no entender nada y hoy soy todo un especialista: no entiendo nada de nada (risas). No... te enseñan a que para entender la realidad tú tienes que participar en su construcción.

¿Qué más ha aprendido de la Filosofía?

Me proporciona libertad mental, me libera de las tensiones de la vida cotidiana, de las fealdades del mundo contemporáneo. La Filosofía tiene la obligación de resultar convincente, sobre todo para los jóvenes.

¿Por qué?

Para poder entender el mundo de una manera distinta y no como cuando te dan la comida preparada. Nos dan la información de manera cocinada, nos dicen lo que tenemos que pensar de las cosas, lo que tenemos que entender del mundo.

¿A qué tipo de fealdades del mundo se refiere?

A la crueldad de un pequeño número de seres humanos que ansía el poder aun a costa de producir daño a una gran mayoría de personas y a la naturaleza. Pero tarde o temprano tenemos que poner freno a esa maquinaria porque están destruyendo el planeta. No sé cómo lo haremos, quizás sea simplemente convencernos a nosotros mismos y compartir nuestras ideas hasta que se den cuenta de que ellos son pocos y nosotros, muchos.

¿Cómo nace Juan Perro?

Fue en una noche de whiskys, estaba con un grupo de amigos. Hacia la mañana yo me despedí y un amigo me dijo: “Vete ya, que tú eres un Juan Perro”. En Málaga les dicen así a los vagabundos que no tienen casa. Me acordé de que en la literatura hay perros ilustres. En las Novelas ejemplares, de Cervantes, hay un “Coloquio de los perros”, que cuentan sus experiencias con un lenguaje señorial; también descubrí en Kafka un cuentecito que se llama “Investigaciones de un perro”; los cínicos de Grecia son un grupo cuya nomenclatura proviene de la palabra kynós, que significa perro, o sea, eran la secta del perro; y leyendo historia sobre los esclavos africanos en España, encontré en las comedias de Lope de Vega que los amos catalanes y andaluces, sobre todo, en una mezcla de arrogancia, soberbia, ignorancia y familiaridad, llamaban a sus criados perros. Yo, al fin, como rockero, descubrí mi linaje. Si me dices hijo de perro o hijo de perra, pues es un linaje duro de asumir, pero lo asumo con todo orgullo (risas).

¿Cuál es el rol que está cumpliendo la música hoy?

Hay un proceso muy acelerado de degradación de la música popular en formatos mercantiles como el reggaetón, el trap, que son mercancías fáciles, de consumo rápido. Este es un proceso inducido por los medios de comunicación electrónicos. Pero cuando los chiquillos crecen, algunos elementos rítmicos o melódicos mínimos que están en esa música, incluso, pueden llamar a conectar con otra música que viene de una o dos generaciones anteriores. Cada generación recicla música de 20 años atrás o 40 años atrás. Ese es el proceso interesante porque cuando empiezas con la música, ya no paras y te lleva siempre a retrotraerte.

¿Hemos perdido nuestra capacidad crítica?

No, no hemos perdido nada. Es que la propaganda comercial o política, a través de los medios de comunicación, tiene un poder de fanatización. Para hacerle frente a un aparato que simplemente le presionas un botón y te tiras en el sofá –¿pa’ qué te vas a mover si el mundo pasa delante de ti?–, hace falta un esfuerzo crítico muy grande y no lo puede hacer solo uno, tenemos que hacerlo generaciones juntas, yendo a la universidad, transmitiendo conocimiento. Los políticos no van a solucionar nada, son inútiles para este tipo de cosas, somos nosotros mismos.

¿Los jóvenes son más vulnerables?

Los jóvenes tienen el cerebro virgen en muchos aspectos y pueden ser fanatizados por el fútbol, por una idea política manipulada o una creencia religiosa que los mande a la muerte con un cinturón lleno de explosivos. Pero también pueden ser guiados hacia las artes, música o ciencias. El cerebro adolescente tiene un potencial inmenso.

AUTOFICHA

- “Soy Santiago Auserón Marruedo, nací el 25 de julio de 1954 en Zaragoza (España). Fui parte de la banda Radio Futura, en la que estuve 12 años. La canción de Juan Perro es el cuarto álbum de la banda; desde ese momento yo asumí ese sobrenombre”.

- “Estoy convencido de que en las músicas que llamamos étnicas –en todas las que yo he investigado–, cuando vas en búsqueda de su origen, siempre vas a encontrar la influencia del contacto con un pueblo colindante, incluso a través de la guerra”.

- “Semilla del son es una memoria de las experiencias que tuve con la música cubana desde el año 84 en adelante. Tuve la suerte de conocer a los soneros viejitos que habían nacido con el siglo XX. Ellos me hablan de las canciones de Tiempo España, que habían oído de sus abuelos, o sea, siglo y medio de tradiciones”.

Entrevista de Amet Aguirre para Peru21.