La Huella SonoraNoticiasNoticia ampliada

8 Febrero 2009

Un músico obstinado y feliz

Juan Perro

Santiago Auserón es, desde hace más de 30 años, una de las mentes más lúcidas del rock en español. Su evolución como músico le ha hecho ocupar los primeros lugares de las radiofórmulas en los inicios de su carrera sin dejarse llevar por los cantos de sirena del éxito fácil y comercial, lo que le ha llevado a ser un músico coherente y obstinado por escarbar otras sendas alejadas de modas, corrientes o etapas.

Para poner tierra de por medio tras su éxito con Radio Futura, Auserón sacó a relucir a su alter ego, Juan Perro, con el que ha sido capaz de mantener esa bendita obstinación por la investigación en otros territorios sin olvidarse en ningún momento de la esencia rockera que fluye naturalmente por su enorme talento musical. Ayer, el público que llenaba el teatro Juan Bravo en una de las entradas más importantes de la temporada, tuvo la oportunidad de disfrutar del segundo concierto de la gira con la que Juan Perro regresa a los escenarios tras casi dos años alejado del contacto directo. 

La apuesta es sencilla, y en ello reside su riqueza. Auserón/Perro se ha rodeado de un grupo de músicos absolutamente magistral con los que tiene una química especial que radica en que todos ellos comparten el mismo lenguaje. Muchos de nosotros tardaremos en olvidar la guitarra de Norberto Rodríguez, capaz de trasladar con sus acordes y fraseos las esencias más puras del blues, el soul, el jazz o el son cubano y tampoco será difícil recordar al contrabajista Ronald Morán y al percusionista Moisés Porro como algunos de los mejores instrumentistas que han pasado por el escenario del teatro segoviano.

Y al frente de todos ellos, Juan Perro. Con un espíritu y una apariencia vitalista y juvenil, se mueve sobre el escenario sin grandes aspavientos, dejándose llevar por la música y transmitiendo con su voz -una de las mejores del rock peninsular, sin lugar a dudas- la calidez de todos los estilos que demuestra conocer y amar.
Gracias a Juan Perro, los espectadores pudimos atravesar una hipotética línea que une Memphis y La Habana con un recorrido sonoro en el que la fusión se produce sin esfuerzo, sin buscar fórmulas sofisticadas ni afectadas, tan sólo con la calidad y el conocimiento de las músicas como ingrediente fundamental. Además, consigue divertir al respetable porque se divierte sobre el escenario y lo demuestra en cada canción.

En suma, una nueva demostración de que la buena música -y de ello el ciclo Acústicos nos ha dejado muchos ejemplos a lo largo de su exitosa historia- lo es porque sí, y no porque alguien o algo nos intente convencer de ello. 

Critica publicada en el periódico El Adelantado, escrita por M.Galindo.