La Huella SonoraNoticiasNoticia ampliada

19 Abril 2009

Juan Perro, el norte del sur

Juan Perro

Juan Perro, álter ego explorador de Santiago Auserón, reapareció, tras seis años de silencio, el viernes en un Bikini lleno (Festival de la Guitarra) y entregó, así, a granel, una decena de canciones nuevas que aún no han pasado por el estudio.

Confirmaron el giro anglosajón de una hoja de ruta que, en los 90, buceó en las raíces del son cubano, pero a la vez buscaron la síntesis: blues, jazz y hasta country tejieron redes tupidas en las que cayeron presas caribeñas en un repertorio más ágil que en otros tiempos, menos pendiente de manierismos instrumentales. La ambición teórica de Auserón no siempre ha ido pareja a un pentagrama afinado, pero las nuevas canciones pintaron bien. En ellas no se vio a Juan Perro tan preocupado por demostrar lo bien que ha asimilado y reformulado el asombroso historial médico de la cultura afrolatina, sino que se limitó a comunicar, a divertirse y divertir, y dio tanto protagonismo a los climas y texturas como a la composición. 

El dominio de los elementos está fuera de duda, y más con cómplices como los tres que le arroparon en el recital, entre ellos el batería cubano Moisés Porro, «el mago de Camagüey». Pero, además de virtuosismo y de la habitual recreación en atmósferas negras, ahora con generoso poso bluesístico, hubo canciones humeantes (Una bestia que ruge, medio tiempo perezoso a lo J. J. Cale), deslices afro-funky (Reina zulú, no lejana a unos Talking Heads) y diálogos entre la herencia anglosajona y la latina resueltos con frescor: Malasaña fue la más expeditiva, aunque La nave estelar caló con su diálogo coral a golpe de swing y con vestigios de rock’n’roll. Hacia el fin del recital ganó peso el temario más tropical y cayeron A un perro flaco, Charla del pescado y Fonda de Dolores, esta con cadencias calientes de son cubano. Esto habrá que grabarlo, ¿no? 

Escrito por Jordi Bianciotto para El Periódico.