Santiago AuserónNoticiasNoticia ampliada

22 Agosto 2016

Santiago Auserón no forma parte de la tradición, Santiago Auserón es la tradición.

Santiago Auserón

Es fácil imaginar la escena entre bastidores. Luces indirectas, un espejo, algún trago alrededor y el silencio que siempre precede a los momentos importantes. El traje oscuro, por supuesto, y para esta ocasión camisa granate. Frente al espejo de su camerino, Santiago Auserón se planta su sombrero y con un toque se lo ladea levemente, lo justo para convertirse en Juan Perro en ese preciso instante.

Alma eléctrica y errante, se abrocha su chaqueta cruzada casi de otra época pero que llena con contemporaneidad y sus propios pasos empiezan a resonar entre unos pasillos que desembocan en el escenario del Teatro Circo Price madrileño. El resto casi no se puede contar: aclamado desde antes de empezar, esperado por el público y dispuesto a dar lo mejor de sí

Como en aquella época donde el registro sonoro no existía o aquella otra que estaba reservado sólo para algunos privilegiados, Juan Perro mezcla un muestrario de canciones nuevas (Ambar, Nada, Agua de limón, El desterrado…) con sus propios clásicos (La charla del pescado, Señora del mar…).

Tras pedir permiso y disculpándose por algún posible fallo en esas nuevas canciones, sin dudas ni complejos las nuevas composiciones salen al encuentro del público impulsadas por una banda que tiene esa capacidad que sólo aquellos que atesoran una técnica exquisita: aparentar que tocan como si sólo tuvieran corazón. Entonces, como si ya tuvieran un espacio en el repertorio del artista, las canciones se pasean entre un público sin miedo a las sorpresas, más bien deseosos de recibir un poco más de las formulas magistrales de este doctor.

Pájaros, huracanes, ánimas eléctricas, dimonis, genios y un perro ladrador

En toda esta historia Auserón necesita otro interlocutor para elevar su arte: su banda. La dimensión de artista inapelable es propia y un instrumento clave para su carrera, pero igual de importante es saber quien te acompaña en ese viaje, y para eso Auserón ha tenido siempre un don, además de una curiosidad innata para dar con expertos que lo ayuden a hacer más profunda su búsqueda o a mostrar con más brillo sus hallazgos.

Esto es un hecho que se demuestra en cada uno de los formatos con los que se ha movido (La Zarabanda, aquella banda con la que presentaba Mr. Hambre, la Original Jazz Orquestra del Taller de Músics…) y se mueve por los escenario se puede ver como cada músico atesora una vitrola que empasta a la perfección con lo que Santiago Auserón y Juan Perro quieren contar, una garantía para esos entes que salen de su pensamiento y para los que la palabra canción se queda pequeña.

De los nihilistas rusos a Marilyn pasando por el Tata güines

Curioso, son ya varios los conciertos de Santiago Auserón que he presenciado (diría que 6) y este ha sido el primero en que no ha nombrado a Francisco Repilado (Compay Segundo), eso sí, invocó a otro de los santones de la música cubana, el Tata Güines, que durante el concierto convivio con los nihilistas rusos, los desterrados, algún que otro inadaptado y los saberes de coctelería del “brujo” Raimundo Amador.

Desde aquel 22 de julio, Santiago Auserón ya habrá partido hacia otros lugares para transitar nuevos y viejos caminos, pero el ritual será parecido y siempre diferente: sin ejercicios de estilos, ni más impostura que las que pudiera precisar cualquier buen contador de historias, se escucharán los cuatro o cinco “clacks” de un estuche de guitarra, afinará el instrumento, se ladeará lo justo el sombrero ante un espejo y saldrá al encuentro del público a mostrar su riquísimo repertorio.

Esa es la Tradición.

Crítica de Diego Cabrera para Artesycosas.com, 22/8/2016