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4 Noviembre 2017

"La ley mordaza se permite unos excesos totalmente innecesarios"

Santiago Auserón

El cantante y filósofo Santiago Auserón, también conocido como Juan Perro, participó ayer en una mesa redonda sobre música, política y cultura popular, organizada por Podemos Cantabria. El acto, que duró casi tres horas, sirvió para analizar el estado actual de la política y de la cultura en el país, así como la necesidad de transformar la cultura para poner en auge la cultura popular.

Tras la mesa redonda, el excantante de Radio Futura concedió una entrevista en exclusiva a 'eldiariocantabria.es' donde analizó la cultura del país, la sociedad de la información y de las nuevas tecnologías, la cultura entre los jóvenes y la Ley Mordaza. El próximo 11 de noviembre, Auserón actuará con el sobrenombre de Juan Perro, junto a Kiko Veneno, en Escenario Santander.

Como artista que es, ¿cómo ve ahora mismo la cultura en el país?

Hay un deterioro por el poder de lo mediático sobre el control de las audiencias a través de los medios, por la mercancía cultural orientada hacia la rentabilidad inmediata, ya sea rentabilidad económica o rentabilidad de las audiencias como voto potencial. Todo eso está condicionando demasiado las cosas.

Hay que reconocer que las artes, que han pasado momentos muy duros con el IVA porque eran muy difíciles de financiar y solo era posible hacerlo con la empresa privada, han aguantado, aunque con muchas dificultades. La gente ha aguantado, la danza ha aguantado, el teatro ha aguantado,…

¿Pero parece que con Internet se ha democratizado más?

El problema con Internet es que hay buen acceso a la información pero no se comparten los criterios de selección con facilidad. Afortunadamente, los criterios selectivos son los que establecen las vivencias interpersonales, es decir, tú buscas en Internet o en un disco duro lo que te conserva un amigo, una pareja o un familiar y te fías del criterio, buscas algo que te provoca un deseo de conocer algo. En el fondo, yo creo que la cosas siguen pasando como siempre, lo importante pasa en las relación interpersonales, en la trasmisión de la información. Los criterios de selección de la información siguen siendo interpersonales de amistad, familiares y, tradicionalmente, de maestro a estudiante.

“La actual generación de jóvenes está marcada por esa necesidad de conocerse hacia dentro”

En una intervención en la mesa redonda ha expuesto que, actualmente, hay una segunda generación de universitarios que provienen de una clase trabajadora y que se interesan por la política y por cambiar las cosas. La primera generación fue la suya. ¿Existe una cultura popular alrededor de esta segunda generación como la había con la suya?

Se están cuestionando muchas cosas. En aquellos momentos éramos partícipes del deseo de internalización, del deseo de salir del periodo de autarquía, del aislamiento de la cultura española, de la censura y de sus límites. Necesitábamos ver películas extranjeras, oír la música con libertad, oír la música de los negros americanos y de otras partes del mundo, escuchar música rock, jazz,… y la gente que tenía más cultura, escuchar música clásica. Nosotros estábamos marcados por el deseo de apertura hacia fuera. Yo creo que la actual generación de jóvenes está marcada por esa necesidad de conocerse hacia dentro. Sentimos que podemos pero, ¿qué es lo que podemos y qué es lo que somos? ¿Culturalmente, quiénes somos? Esta es una pregunta muy interesante.

“Yo no creo que a través de la obra de arte se pueda transmitir un lenguaje político explícito”

Antes, un asistente a la charla dijo que para él la música es música, que no le importa tanto lo que dice el grupo o lo que dice el artista.

Yo no creo que a través de la obra de arte se pueda transmitir un lenguaje político explícito porque una idea política, una consigna política o un programa político son en sí un producto artístico, entre comillas. Son un tipo de producto que hay que elaborar en su contexto. A su vez, una pieza musical, una escultura o una pintura son en sí mismas políticas, no creo que necesiten cargarse de un lenguaje sobreañadido que sea políticamente explícito. Las propias formas, las tensiones a las que obedece la obra artística, ya son políticas en sí, es decir, obedecen a conflictos sectoriales y responden a conflictos vivenciales del colectivo en el que trabaja, y eso es política desde todos los puntos de vista. No hace falta que las obras de arte tengan un mensaje político.

¿En España, nos podemos igualar al resto de países en cuanto al estado de la cultura popular?

En países en los que la cultura tiene más capacidad productiva, influye más en el PIB y tiene más nicho de mercado. Hay más franjas de mercado, por hablar en términos de Marketing, aunque los detesto, para cosas experimentales, cosas raritas. En un mercado muy grande la minoría es rentable, pero una minoría en un mercado pequeño no es rentable. En el mercado artístico esa es la diferencia. Nosotros tenemos de todo, hay gente en todos los pueblos y ciudades de España haciendo buena música, mejor que la que hacíamos nosotros cuando empezamos, pero no tienen posibilidades. No tienen acceso a los medios ni a las páginas de actualidad ni a las grandes audiencias, y eso es una pérdida cultural inmensa. Nos estamos perdiendo cantidad de cosas muy interesantes.

Entonces, ¿la sociedad de la información es la culpable de esa pérdida de cultura?

Sí porque priorizan los intereses mercantiles más inmediatos y producen cosas o dan todo el prime-time a las cosas que saben que les van a dar una rentabilidad fácil para asegurarse la pasta ya. Todo eso deja al margen cualquier búsqueda, cualquier investigación en torno a la cultura. Hasta los documentales de la televisión están marcados por un tipo de edición que los hace parecer películas de series B muy malas, incluso cuando están hablando de temas históricos importantes. Antes, un documental podría ser la salvación para enterarte de algo bien expuesto e interesante. Hoy en día, hasta los documentales utilizan el lenguaje del reality show. Hay un empobrecimiento de la mercancía cultural a través de los medios electrónicos. Esto no quiere decir que la batalla esté perdida, quiere decir que la inercia de los hechos conduce a esa tendencia. Lo que hay que hacer es ser consciente de ella y revertirla.

“Hay gente en todos los pueblos y ciudades de España haciendo buena música, mejor que la que hacíamos nosotros cuando empezamos”

¿Y cómo se puede revertir?

Con trabajo individual y colectivo. Hacen falta comunidades colectivas importantes, grupos de trabajo que decidan revertirlo y que incluso pongan de moda en los medios maneras distintas de proceder y el interés por la historia contada con objetividad; por ejemplo, las prácticas artísticas o de las ideas de pensamiento, el debate público que no sea un reality. Hacen falta nuevos colectivos de trabajo, jóvenes que impongan maneras nuevas, que pongan de moda nuevas manera de funcionar en los medios.

Para finalizar, hay muchos artistas que se están quejando de cómo la Ley Mordaza ha afectado a la cultura. Hemos tenido el gran ejemplo de César Strawberry como el paradigma. ¿Qué opinión le merece cómo afecta dicha ley al ámbito cultural?

Yo creo que la Ley Mordaza está construida sobre todo para afectar a los problemas de orden público en la calle, es decir, para controlar las calles y para amedrentar al ciudadano que se siente llamado a echarse a la calle y a manifestar su cabreo. Pero claro, también incide a través de la libertad de expresión cuando toca temas tabús como el terrorismo o la monarquía. Yo creo que ahí La Ley Mordaza se permite unos excesos totalmente innecesarios. Tampoco es para llevar a la cárcel a nadie. Tal vez sea necesario llamarle la atención y decirle: ‘niño, tú eres un mal educado’, pero ya está, no pasa nada más. Yo creo que a esas cosas la gente tampoco le hace demasiado caso, no hay que dramatizar ahí. Lo único que se preserva a las autoridades es el poder amedrentador, por ejemplo cuando se habla mal de la policía que te pueda caer un multazo. Eso me parece una patraña, al final la gente se lo va a soltar cuando sea necesario.

Entrevista de Álvaro Sáenz para el Diario de Cantabria.